Programación Semanal Radio PGFTU Gaza

Cuento de Navidad: ¡¡Deportada por mentirosa!! [Testimonio de una profesora de historia a la que la entidad sionista impidió entrar en Palestina]

(PGFTU GAZA)Por Miguel Ons / El 5 de enero, a las 16:40 de la tarde, la maleta con la que salía de mi casa el pasado 22 de diciembre rumbo a Gaza llegaba por fin a casa; muy a mi pesar yo lo había hecho antes, en concreto el día 25 de diciembre, ¡menudo regalito traigo a casa por Navidad!, pensé entonces, ¡a ver cómo le explico a mi familia que he sido deportada por “mentirosa”!

Introducción
En el verano de 2012 pisé por primera vez la Tierra Palestina, pude acercarme y sentir el sufrimiento sobre el que tanto había leído y oído durante años, comprobando que difícilmente las palabras, las imágenes pueden transmitir lo que la ocupación israelí despierta en los sentidos, porque la ocupación tiene su propio olor y también… su falta de tacto. Entonces pude añadir muchos matices a mi imagen sobre el dolor que la entidad sionista lleva infligiendo al Pueblo Palestino desde hace ya casi 70 años de forma descarada, si bien la ocupación- como bien sabemos, o al menos deberíamos porque los hechos no se pueden negar, aunque hay quién insiste en tergiversarlos- tuvo inicio mucho antes, a finales del siglo XIX.
Pero no sería hasta 2013, al entrar en la Franja de Gaza, cuando descubriría la degradación de las múltiples tonalidades con las que la brutalidad israelí puede intentar arrebatar la dignidad al Pueblo Palestino, además de robarle su Tierra. Desde entonces dejé de intentar plasmar una realidad que el gobierno israelí, respaldado por la sociedad a la que responde, se encarga de que desborde, con su dureza, todo límite que pudiera contenerla, definirla y, consiguientemente, afrontarla. Asumí el compromiso, mi compromiso personal, de no ser cómplice de esta injusticia y de volver a Gaza.
Pero si entrar en la Franja de Gaza, bloqueada por la entidad sionista desde 2006, no es fácil, volver resulta aún más difícil. Los accesos son sólo dos: el cruce de Rafah, por el que de forma natural optamos quienes rechazamos al ilegítimo estado de Israel, y el cruce de Erez, controlado por el gobierno israelí y por el que no nos queda más remedio que intentar cruzar cuando el gobierno egipcio decide no abrir el paso que controla a la Franja de Gaza desde el Sinaí, lo que ocurre con tanta frecuencia que más que como un “paso” deberíamos considerar Rafah como un “tapón”. Este invierno, la única opción para entrar en Gaza era a través de Erez, por lo tanto, y con permiso de las autoridades israelíes, fue éste el camino que tuve que seguir.
El 24 de diciembre sobre las 2:20 de la madrugada llegué al aeropuerto de Ben Gurion (Tel Aviv) y me dispuse a entregar mi pasaporte para entrar en Israel, con la intención de dirigirme después a la estación central de autobuses de Tel Aviv para llegar hasta Askhelon, desde donde debería haber tomado un coche que me llevara a la frontera de Erez, para finalmente acceder a la Franja de Gaza, “gracias” a un permiso que el propio gobierno israelí me había concedido meses antes. Pero una cosa es que te concedan un permiso para entrar en Gaza y otra, muy distinta, que te permitan entrar en el territorio que controlan para poder hacer uso de dicho permiso.
Nudo
No es desconocido el hecho de que la mínima mención a Gaza implica para los y las israelíes la puesta en marcha de un mecanismo defensa en el que su superyó comienza a emitir juicios morales a partir de los cuales clasifican el nivel de “peligrosidad” que las personas suponemos frente a su “seguridad”; por tanto, hay que evitar pronunciar esta palabra. Teniendo esto presente, al entregar mi pasaporte se me preguntó que a dónde iba, respondía que a Jerusalén lo que me parecía mejor opción que decir que a Al Khalil (Hebrón), donde seguramente me hubiera dirigido de no haber podido llegar a Gaza, y siempre y cuando hubiera sido capaz de salir del aeropuerto. La siguiente pregunta fue sobre el motivo de mi visita, a lo que contesté que venía a pasar las vacaciones de invierno colaborando con una ONG- prefiero no dar el nombre, aunque realmente éste no fue el motivo de mi deportación, tampoco el destino ofrecido-. Se interesaron entonces por mi profesión- profesora de Historia de Secundaria- y por la labor que desarrollaba dicha ONG. Les expliqué que la ONG intentaba dar oportunidades de desarrollo laboral para las mujeres palestinas y que, como mujer, me interesaba conocer este trabajo y ver como podía colaborar con ellas; me preguntaron que en qué consistiría mi colaboración, les dije que visitar las instalaciones, conocer como era el día a día de las mujeres palestinas que en ellas trabajaban e intentar luego determinar en qué forma podría colaborar ( con fondos, materiales)… Me preguntaron si tenía pensado desarrollar alguna actividad política, respondí que no, entonces me pregunté a mí misma, aún sabiendo la respuesta, ¿qué entenderán estas chicas por política?; eran entonces dos mujeres quienes me hacían preguntas desde una ventanilla mientras mi pasaporte circulaba ya por otras estancias del aeropuerto y el resto de personas recibían los suyos continuando con sus caminos. Entonces me indicaron que me dirigiera a una sala y que esperara.
Comenzaba así mi ¡Nochebuena!
No pasó mucho tiempo, si bien no se decir cuánto, hasta que alguien dijo mi nombre en voz alta y me pidió que le acompañara a una sala. Allí, un hombre con mi pasaporte volvió a hacerme las mismas preguntas, si bien ahora se añadían otras nuevas relativas a la innombrable Gaza. En mi pasaporte aparecen sellos del cruce de Erez estampados amablemente por una funcionaria-militar-jueza-ciudadana israelí que alentada por su radar decidió que ahí debían figurar la última vez que estuve en la Franja de Gaza, en verano de 2015; expliqué que- de acuerdo con lo que ya venía diciéndoles- había pasado el verano colaborando con la ya no mencionada ONG y conociendo su trabajo en la Franja de Gaza y que ahora me disponía a hacer lo mismo en Cisjordania. La conversación fue larga, incluso desde su punto de vista- pensé entonces- diría que ¿tierna? porque- no dudando nunca de la sinceridad de mis entrevistadores- ¡qué increíble la capacidad de empatía de los y las israelíes con el sufrimiento de las mujeres y los niños y las niñas de Gaza!; a mí casi se me saltan las lágrimas, pero de rabia ante tanta desfachatez. Lamentablemente nada nuevo, ya el pasado verano tuve que aguantar como un taxista israelí, amante de su gobierno de acuerdo con las banderitas que adornaban su coche, me explicaba que lo que más pena le daba en el mundo eran “los pobres niños de Gaza”; ¡extraño sentimiento el del verdugo que no siente culpabilidad alguna por el dolor que causa en sus víctimas!
La conversación, vamos a dejar el término interrogatorio para más adelante, también giró en torno a mi profesión.
_ ¿Qué enseña una profesora de Historia sobre nosotros en España?- me preguntó.
Lo cierto es que si las otras preguntas me las esperaba todas ésta si que me sorprendió. ¿Nosotros? He de reconocerlo, me equivoqué. Creí que con ese “nosotros” se refería a las y los israelíes, pero mi entrevistador aludía a las y los sefardíes, judíos expulsados de España entre 1492-1498 y a quienes desde hace unos meses el gobierno español ha concedido nuevas vías- pues con algunas ya contaban- para obtener la nacionalidad española a modo de “reparación histórica” por el sufrimiento sufrido. Mientras me hablaba de sus orígenes, mi pasaporte cambió nuevamente de manos; durante la espera, mi interlocutor, que decía proceder tierras aragonesas me dibujó un mapa de la península ibérica que por cierto retoqué dada su imprecisión y en el que le indiqué dónde se situaba Extremadura, ya que había que hablar de la Tierra- y dado que era mejor no hablar de la Tierra Palestina- sinceramente prefería hablar de la mía… ¡Cómo gusta este chico de informarme de su pasado hispano!, ¡lo de reconocer a las y los palestinos su legítimo derecho al retorno a sus hogares, a sus tierras, dentro de su esquema mental debe estar en otro cajón, o más bien en un oscuro rincón! Evidentemente el aeropuerto de Tel Aviv no era el lugar más apropiado para verbalizar mis pensamientos, mis ideas- por lo que aparecen en cursiva-, por lo que mi actitud podría considerarse la propia de una persona cuerda; sin embargo, lo que me llamaron fue “Mentirosa”, ¡con mayúscula!.
Por suerte, pues estaba un poquito aburrida de este intento de establecer no sé bien qué vínculo, se me pidió que me dirigiera nuevamente a la primera sala, aquella en la que al entregar mi documentación me indicaron debía aguardar. Ocupé una de las 20 sillas dispuestas en forma de U de aquel espacio que contaba con una entrada guardada por israelíes, claro; ahora no estaban ya el hombre y la mujer que me habían acompañado al principio, si bien a medida que avanzaba la madrugada llegaban más vuelos y, con ellos, nuevas visitas ocupaban sus asientos. En mi cabeza rondaban muchas cosas, más o menos confesables o convenientemente confesables, ¿cuál sería la verdadera intención de mi entrevistador al hablarme de sus orígenes? ¡Esta gente es tan taimada! y hablan ladino… Bueno en verdad éste en concreto no, o eso decía. Volvieron al tiempo mis dos primeros compañeros, portaban entonces sus bolsas de viaje debidamente decoradas con grandes pegatinas de colores fluorescentes donde se podía leer “SECURITY”.
Me quedé dormida.
_ ¡¡¡¡María!!!!- alguien gritó.
Esa soy yo, en pié y de camino a otra habitación, aquí sí podemos hablar de interrogatorio. Al hombre que allí me esperaba- con quien por cierto me había cruzado al entrar en la habitación de la primera entrevista y me había preguntado “¿Nos hemos visto antes tú y yo aquí?”- ya no le interesaba tanto a dónde iba y a qué, que también, sino “dónde has estado”, “quién te espera”, “quién te ayudó a llegar a Gaza el pasado verano”, “a quién conoces en Gaza”, “a quién conoces en Cisjordania”, “con quién trabajabas”.
_ Todo es mentira- dijo tras escuchar mis respuestas.
Lo cierto es que no todo. No me esperaba nadie fuera del aeropuerto, nadie me había ayudado a llegar a Gaza el pasado verano- ¡las líneas de autobuses israelíes!-, no conozco personalmente a nadie en Cisjordania, la razón de mi viaje no es tomar parte en manifestaciones y… ¿te pregunto yo por tus amistades?,¿para qué quieres los nombres, teléfonos, direcciones de las personas con las que me relaciono dentro de la Franja de Gaza?.
_ ¿Has borrado algo de tu teléfono antes de llegar?- me preguntó.
_ Creo que no- respondí- más vale prevenir que lamentar…
_ ¿Quieres que te demuestre cómo mientes, cómo has borrado contactos?- continuó.
¡Este hombre debe viajar en grupo y pensar que para tomar un autobús una precisa de algún tipo de entrenamiento militar!. Cogió entonces mi teléfono, primero me lo pidió cierto, ¡cualquiera le dice a este tipo que no con las voces que pega!; marcó en la agenda y la aplicación de WhatsApp los prefijos israelí y palestino pero no apareció nada, ¡qué desilusión!. ¡Vuelta a empezar! De nuevo a la sala común para pacientes.
No era la primera vez que estaba en este aeropuerto, pero esta experiencia hacía mucho que prometía ser diferente: más preguntas, más salas, más tiempo. Como de momento tenía el teléfono parecía ya hora de informar a mi gente de que volvería a España más temprano que tarde y, porqué no, a la Embajada española. Primero a quiénes se preocupan por ti, luego a quienes deberían mostrar algún interés. Pero… ¿Qué puede/no puede hacer un Consulado/Emabajada por ti?, desde luego según la embajada española en Tel Aviv:
_ Nada, estoy durmiendo, la van a deportar, no es mi problema, no me moleste- contestó en un tono nada afable a quién le llamaba desde España.
¡Qué majo! No esperaba menos la verdad, ya durante la ofensiva “Margen Protector” había contactado personalmente con esta embajada para avisar de la situación de españoles durante los bombardeos masivos, indiscriminados y continuados que las Fuerzas de Seguridad Israelíes estaban llevando a cabo contra la Franja de Gaza y la respuesta había sido la misma e idéntico el tono empleado; también pedí entonces vía telefónica a la representación diplomática española en Tel Aviv que intentaran disuadir a la entidad sionista de la masacre que estaba cometiendo, se pueden imaginar la respuesta… Pero incluso una mentirosa de mi talla debe hacer honor a la verdad y no puede obviar que quien me atendió al teléfono de emergencia del Consulado español de Jerusalén fue mucho más amable, nada resolutivo, pero muy amable, no sólo tomó nota de mis datos, escuchó mi situación y, si bien me indicó que poco/nada podía hacer, volvió a cogerme el teléfono y atenderme con la misma amabilidad cuando le informé horas después de que continuaba en el aeropuerto, retenida, sin pasaporte y siendo interrogada. Entiendo que tras 5 horas una persona a la que se limita su movilidad y a quien se le retira el pasaporte puede considerarse detenida, o al menos retenida, y teniendo en cuenta las particularidades de la legislación israelí en fondo y forma no me pareció exagerado- tampoco me lo resulta ahora- avisar a las autoridades españolas e informarlas sobre dónde me encontraba, cómo y desde cuándo… Si bien lo que yo me preguntaba era más bien ¿hasta cuándo?
¡Aprovecha el tiempo! En mi bolso de viaje llevaba conmigo algunos papeles para trabajar en vacaciones y me pareció que ya que la cosa iba para largo ¿por qué no? Volvieron a llamarme y de nuevo a otra habitación. Junto al último hombre que me había interrogado antes se encontraba ahora una mujer, tuve que repetir otra vez todo y contestar a nuevas preguntas. Por supuesto hablaban entre ellos en hebreo, parecían enfadados, en parte porque les pedí en varias ocasiones que me repitiesen las preguntas.
_ Ni entiendo ni hablo bien inglés y- ¡en serio!- no oigo nada por el oído derecho,¡pero no me grites más, háblame por el izquierdo alma de cantarillo!
No entiendo hebreo pero… sí, claro, se me seca la boca, llevo aquí unas horas y estoy cansada, ¿miento?, eso lo sabemos todas desde el principio.
_ ¡Eres una mentirosa!, ¡la única verdad que has dicho es que eres profesora!- concluyeron tras hablar entre ellos.
¡Alguna más, pero no iba a discutir por menudeces! En ese momento entró en la habitación mi primer entrevistador, ¡ups, el aragonés!, ¡qué me vendrá a decir!, y con cara de asco me dijo:
_ ¡Mentirosa!
De repente, junto a las otras preguntas que ya había contestado o no contestado una, dos, tres, cuatro, cinco veces… un nuevo interés:
_ ¿Conoces a alguien a quién se le haya denegado a la entrada en Israel?- era el hombre quien lanzaba las preguntas mientras su compañera atendía.
En la lista destaca Noam Chomsky, pero seguro que se refieren a algo más cercano…, contesté que no.
_ Te voy a demostrar que mientes- continuó con actitud triunfal.
De nuevo toma mi teléfono y escribe un nombre, ¡error!, no apareció lo que esperaba.
_ ¿Por qué tienes el teléfono del cónsul español en …?- fue lo que siguiente que quiso saber para obviar el hecho de que su demostración había sido fallida.
Eh… ¿perdón?, le expliqué que también tenía los de otras embajadas, ¡qué cosa más rara y amenazante: una persona de nacionalidad española que al viajar tenga en su agenda teléfonos de embajadas y consulados españoles!. Entonces concretó:
_ Te voy a demostrar que sí conoces a alguien a quien se le ha prohibido la entrada en Israel- me dijo mientras daba la vuelta a la pantalla del ordenador para enseñarme un artículo, algunas fotos, en fin, unas y otras cosas con las que me demostraba lo “mentirosa” que era.
¿Qué espera?, ¿qué el bochorno me derrumbe y me lleve a pedir perdón por mis pecados? Para que su compañera pudiera ver mi cinismo, me dijo que tradujera un artículo al que se puede acceder desde internet en el que aparecían mi nombre y algunos datos sobre actividades que había realizado tiempo atrás en Gaza en apoyo de las y los palestinos. Lo poco que traduje de aquel artículo- un texto muy políticamente correcto, por cierto- no le gustó. ¡Cómo si no supiera de antemano lo que dice!, al final tendré suerte y todo, porque… cómo me pidan que traduzca algunas otras palabras, frases, textos con los que, desprovista de edulcorantes, me he referido y dirigido a la entidad sionista… Esto no pasó, por esto más tarde me darían una “oportunidad” para “arrepentirme”, reconocer “mi equivocación”, ¿¿¿¿????, mis mentiras y contar “la verdad”, para así poder entrar en Israel; por supuesto dejé pasar muy, muy de lejos esta oportunidad.
De nuevo en mi asiento, la sala de espera ahora estaba bastante llena. Intenté dormir un rato, también trabajar un poco, hablé por teléfono con España.
_ ¡¡¡María!!!- llamaron desde la entrada.
Arriba y de vuelta a la habitación del interrogatorio, ahora el hombre se encontraba solo, insistía entonces sobre el tipo de “manifestaciones políticas” en las que participaba en Gaza, le contesté que no desarrollaba ninguna actividad política, a ver, ¿qué esperas qué te diga?
_ ¡Todo ese tiempo en Gaza y no has estado en una manifestación política!- parecía desilucionado.
¡Qué pesadico!, bueno ¡pesado! que éste no es el aragonés… Le conté que un día estuve en la Cruz Roja, esa empresa que colabora con ustedes en diversos proyectos y que seguro os da debida cuenta de lo que ocurre en su sede en Gaza, en algún tipo de concentración política, esto no le interesó. ¡Tanto insistir y luego lo deja a un lado!
_ ¿Quién te espera fuera?- se refería a fuera del aeropuerto.
_ Nadie- volví a contestar.
_ ¿Qué estabas escribiendo antes?, ¡enséñame los papales en los que escribías!- parece que además de vigilar la entrada de la sala de espera también ven qué hacemos dentro de ella.
Entonces fue cuando seguramente las autoridades israelíes tomaron la decisión irrevocable de denegarme el acceso por 20 años; ahí estaba: el tema de ¡La construcción del Estado liberal en España durante el siglo XIX! que ya sabemos que es un buen tocho pero… ¡tanto cómo para constituir una amenaza a la seguridad israelí! Nuevamente les defraudé. Su compañera volvió a entrar, ¡espero no me haga traducirle el reinado de Isabel II!; la mujer me explicó entonces que mi delito no era apoyar al Pueblo Palestino:
_ Israel es una democracia y tú tienes tus derechos políticos, puedes estar a favor de los palestinos- afirmó.
Pero la mentirosa soy yo…
_ No podemos confiar en alguien que miente- completó el hombre.
Me pongo de pie, me vuelvo a sentar, y al tiempo, de nuevo, me vuelven a llamar. Llegaba el momento más aleccionador de todo mi viaje, la entidad sionista me iba a dar una lección sobre verdades y mentiras.
_ Está bien- el hombre se dirigía a mí ahora un tono más amable-.Vamos a hablar con sinceridad, quiero entenderte, explícame tus ideas políticas.
¡Esto debe ser broma!
_ No podemos hablar de igual a igual porque usted está una posición de superioridad, usted está sentado frente a mí, no somos iguales en esta habitación- contesté.
_ Pero tú idea, ¿cuál es?, ¿que nos sentemos con los palestinos a hablar de paz?- parecía querer iniciar una conversación al respecto.
_ Yo no le digo a nadie lo que tiene que hacer, sólo muestro mi solidaridad y apoyo a las víctimas, las y los palestinos- contesté.
_ Los israelíes también mueren- me dijo.
Cierto, hablando de paz y de israelís muertos, ¿no fue asesinado Isaac Rabin por un israelí?, no creo que le interese hablar de esto…
_ Explícame tu opinión sobre el Boicot, tengo un artículo tuyo en el que defiendes el boicot- esto evidencia que el BDS está haciendo daño a la entidad sionista, de ahí su interés.
_ No creo que exista tal artículo, en verdad- le dije.
_ Sí, lo tengo aquí- hablaba mientras miraba la pantalla del ordenador.
_ Existe mucho escrito sobre el BDS, puede leerlo si quiere estar informado.
_ Quiero entender porqué una profesora viene desde tan lejos para apoyar a los palestinos.
Mi padre y mi madre que me conocen de toda la vida aún no lo entienden del todo…., ¡lo que deberías preguntarte es si alguien se levantaría de su silla para ayudarte a ti y pensar sobre el porqué eso NO ocurriría!
_ Si estoy detenida dígame porqué, si me me va a deportar depórteme, ya he hablado con mi embajada- le dije tras un largo silencio.
_ ¿No quieres hablar?- insistió.
_ Si estoy detenida dígame porqué, si me me va a deportar depórteme- le repetí.
_ Te vamos a dar la oportunidad de que reconozcas tu error y entonces podrás entrar en Israel- afirmó como si dependiese de él el que yo aceptase o no.
_ Si estoy detenida dígame porqué, si me me va a deportar depórteme- estaba ya un poco cansada de silencios.
_ ¿No quieres entrar en Israel?- siguió extrañado de que no quisiera agarrarme a la mano que me tendía…
_Sólo quiero entrar en la Franja de Gaza- bueno también en Cisjordania- lo que no va a pasar- lo otro tampoco-; por tanto, si estoy detenida dígame porqué, si me me va a deportar depórteme.
_ ¿No quieres que hablemos?
¡Hombre señor!, ¡que es ya de día!, ¡yo creo que ya está bien!, ¿no cree?
A la sala de espera.
_ ¡¡¡María!!!- se escuchó al tiempo.
Hacia la sala de la entrevista inicial, parece que después de mucho deliberar han determinado informarme que desde el primer momento habían decidido que no superaría el proceso de selección… Un hombre me esperaba, a éste le veía por primera vez, ¿habrían cambiado el turno u ¿otra vez a empezar?
_ Por motivos de seguridad no le vamos a permitir entrar en Israel durante 20 años- me hablaba en pie, desde detrás de la mesa.
¡Qué barbaridad!, ¡20 años!, ¿me dejarán entrar si vuelvo en el 2036?, no preguntes, no les va a hacer gracia aunque suena a película futurista.
_ A partir de entonces- continuó- si quiere volver debe pedir primero un visado, si intenta entrar sin él será detenida. Entonces llamaron a una mujer, quien se encargaría a partir de ese momento de ser mi guía por el aeropuerto y mostrarme nuevas estancias.
Tocaba entonces revisar mi bolsa, mi ropa, a mí en general… Todo muy correcto, sólo mujeres estuvieron registrándome en una especie de vestuario con cortinilla en que me introdujeron.
_ Abre. Cierra. Levanta. Baja. Otra vez- mientras esto pasaba las mujeres que me registraban, tanto a mí como el contenido de mi bolsa, hablaban entre ellas informándose las unas a las otras del motivo por el que allí me encontraba.
Volví a decepcionarles, ¡ningún arma de destrucción masiva escondida en la trenza de mi pelo o entre los dedos de mis pies! Mi seguridad privada me acompañó a buscar mi maleta, no estaba, no la volvería a ver hasta 14 días después.
Desenlace
A las once de la maña me introdujeron en un furgón con rejas a través de las cuales puede ver como me alejaba del aeropuerto, sin saber a dónde me llevaban, si bien ya me habían dicho iba a ser deportada. No iba sola, un chico, más joven que yo, y que había visto antes en la sala de espera, me acompañaba. Dado que le había escuchado hablar en hebreo con los conductores, le pregunté si sabía a dónde nos llevaban.
_¡A Rambla!- me dijo serio.
¡¡¡Perdón!!! Evidentemente eso no podía ser verdad pero no tuvo ninguna gracia, le pregunté entonces al conductor que a dónde nos dirigíamos, me informó que a un centro de detención; cuando llegamos al destino mi acompañante y los conductores se echaron unas risas mientras hablaban en hebreo y me miraban, el chiste de Rambla debe ser el de Bienvenida.
Efectivamente, estaba en un centro de detención de inmigración, allí, sin ninguna de mis pertenencias, que ya estaban identificadas con sus discretas etiquetas de “SECURITY” y con mi nombre, me condujeron a una habitación. Seis literas, un baño, dos ventanas enrejadas con vistas a cubiertas de uralita definen aquella estancia en la que otras mujeres- de Ucrania, Rumania, Filipinas- también esperaban. Me eché en una cama y me quedé dormida hasta que escuché que alguien gritaba mi nombre desde la puerta. Me levante, me dieron mi bolsa y me trasladaron de nuevo al aeropuerto, dirigiéndome directamente en el mismo furgón hasta un avión al que accedí acompañada de la seguridad israelí, cuando el resto del pasaje ya había ocupado sus asientos, ¡qué miradas más amables!
Ví como mi pasaporte le era confiado a la tripulación, una azafata me acompañó a mi asiento. Nuevamente me quedé dormida, más tranquila ahora. Al aterrizar un hombre me esperaba a la salida del avión, recogió mi pasaporte y me pidió que le acompañara; este hombre, miembro de la seguridad italiana del aeropuerto de Roma, me informó que una vez registrasen mis datos, me devolverían el pasaporte y me entregarían un billete de regreso a Madrid, donde llegaría sobre la 1 de la madrugada del 25 de diciembre.
Al aterrizar, lo primero que hice fue reclamar mi maleta, se me informó de que se encontraba en el aeropuerto de Tel Aviv, me dijeron sus medidas, el color, incluso la marca, ¡sabían más que yo de mi equipaje!. Me informaron entonces que en un par de días me la remitirían a mi casa, tras tomarme los datos pertinentes. Una semana después mi maleta no había llegado, pero sí un mail de la compañía aérea en el que se me pedía que remitiese un listado del contenido de mi equipaje, respondí que dado que sabían cuál era mi maleta y dónde se hallaba aquello no tenía sentido, a no ser que se hubiera perdido. No hubo respuesta.
Mi maleta llegaba a casa a las 16:40 de la tarde del 5 de enero, pero no la traían los Reyes Magos sino un mensajero; al romper la brida con la que habían asegurado una de las cremalleras, comprobé que, en principio, todo parecía estar en su sitio, o al menos dónde y cómo recordaba haberlo dispuesto al salir de mi casa el 22 de diciembre.
Todo normal, lo único extraño en relación a mi equipaje es que, en otras ocasiones, tras pasar por el aeropuerto de Tel Aviv el equipaje aparece siempre ocupando su lugar, una vez pasados los controles, si bien acompañado por varias tarjetas que te informan de que ha sido revisado por motivos de seguridad; ¡qué curioso! en esta ocasión, en la que me deportan por motivos de seguridad, ¡la seguridad israelí no ha considerado oportuno revisar mi equipaje!
Hasta aquí mi particular “Cuento de Navidad” que, como todo cuento y probada la falta de sinceridad de su autora, contiene de verdad sólo aquello que no es mentira.
Salud y Libertad!!!


│Oficina Latinoamericana de Informacion de la Federacion General de Sindicatos de Palestina - Gaza (PGFTU GAZA)│Latin American Office of Information of the General Federation of Trade Unions of Palestine - Gaza Strip │الاتحاد العام لنقابات عمال فلسطين-غزة
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Comunicado de Prensa

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