Primero de Mayo, Día Internacional de la Clase Trabajadora


(PGFTU GAZA) Por Miguel Ons desde Gaza.- El pasado 1º de Mayo los trabajadores de la Franja de Gaza se reunieron para exigir a Mahmud Abbas y Rami Hamdallah que trabajen para poner fin al bloqueo. Un bloqueo que ahoga a la Franja de Gaza desde hace ya 10 años y que ha elevado las cifras de desempleo por encima del 60%. También aprovecharon la oportunidad para recordar a todos los mártires fallecidos a manos de la entidad sionista mientras trabajaban por una Palestina libre; campesinos, pescadores, excavadores de túneles…


“¡Un día de rebelión, no de descanso! (...) Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación. Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzar a disfrutar ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos dé la gana”.

Este texto circulaba entre los trabajadores de EEUU en vísperas del 1º de Mayo de 1886, día en que la Huelga por las ocho horas paralizó los centros de trabajo norteamericanos. La ciudad de Chicago se detuvo casi por completo, aunque en la fábrica de materiales de Mc Cormick, y en alguna otra, los esquiroles traicionaron a sus compañeros que por actuar en defensa de los intereses de la clase trabajadora fueron condenados al paro. El día 2 se realizó un mitin entre los obreros de Mc Cormick para protestar por los 1.200 despidos y los brutales atropellos policiales; Spies, uno de los mártires de Chicago, dirigía su discurso a un grupo de unos 6.000-7.000 trabajadores que reprobaron la actitud de los esquiroles que en ese momento salían de la planta. Entonces llegó la policía, dejando seis muertos y una gran cantidad de heridos. Spies publicó entonces un manifiesto que fue distribuido en todas las reuniones obreras:

“(...) Si se fusila a los trabajadores responderemos de tal manera que nuestros amos lo recodarán por mucho tiempo (...)”.

El 3 de mayo más obreros se sumaron a la Huelga; entonces el mártir Arbeiter Zeitung hacía un llamamiento a la lucha armada:

“La sangre se ha vertido. Ocurrió lo que tenía que ocurrir. La milicia no ha estado entrenándose en vano. A lo largo de la historia el origen de la propiedad privada ha sido la violencia. La guerra de clases ha llegado.... En la pobre choza, mujeres y niños cubiertos de retazos lloran por marido y padre. En el palacio hacen brindis, con copas llenas de vino costoso, por la felicidad de los bandidos sangrientos del orden público. Séquense las lágrimas, pobres y condenados: anímense esclavos y tumben el sistema de latrocinio.”

Finalmente, ante las presiones y críticas de los sectores más revisionistas del Movimiento Obrero y de las fuerzas de defensa del capital, se retiró el llamamiento a una movilización armada; a pesar de ello el 4 de mayo todo Chicago estaba en Huelga. De repente comenzó a llover y la multitud concentrada en Haymarket se disolvió; cuando solamente quedaban a penas 200 asistentes, 180 policías fuertemente armados ordenaron a la multitud dispersarse, a pesar de tratarse de un mitin legal y pacífico. Entonces una bomba estalló entre las filas de la policía que, en respuesta, abrió fuego de forma indiscriminada, matando a varias personas e hiriendo a unas 200. Siete agentes murieron, la mayoría a causa de las balas de la misma policía. Comenzó entonces una caza de brujas en contra de los anarquistas, considerados conspiradores de lo ocurrido.

El 5 de mayo en Milwaukee tuvo lugar otra masacre en un mitin de trabajadores en la que fueron acribillados ocho trabajadores de origen polaco y un alemán, acusados de violar la ley marcial impuesta por el Gobierno. Las cloacas del estado se llenaron de trabajadores, entre ellos la policía detuvo a 8 anarquistas: George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebe y August Spies, todos eran miembros de la IWPA (Asociación Internacional del Pueblo Trabajador), asociación cuyo carácter sería luego denominado como anarcosindicalista.

El juicio contra los detenidos, totalmente manipulado, fue más bien un linchamiento: se les acusaba de complicidad de asesinato, aunque nunca se pudo probar ninguna participación o relación con el incidente de la bomba ya que la mayoría no estuvo presente, uno de los dos presentes era el orador en el momento que la bomba fue lanzada. No se siguió el procedimiento normal para la elección del jurado formado por hombres de negocios y un pariente de uno de los policías muertos; además, el alguacil especialmente nombrado para el caso se jactaba públicamente de su actuación:

“estoy manejando este proceso y sé qué debo hacer. Estos tipos van a colgar de una horca con plena seguridad”.

Tuvieron lugar una infinidad de manipulaciones, amenazas y sobornos para que se dieran testimonios ridículos sobre conspiraciones. Todo muy claro:

“La ley está en juicio. La anarquía está en juicio. El gran jurado ha escogido y acusado a estos hombres porque fueron los líderes. No son más culpables que los miles que los siguieron. Señores del jurado, condenen a estos hombres, denles un castigo ejemplar, ahórquenlos y salven nuestras instituciones, nuestra sociedad” (iscal Grinnel).

Todos los juzgados fueron encontrados culpables y sentenciados a muerte, a excepción de Oscar Neebe, condenado a 15 años de prisión. La cuestión de quién arrojó la bomba nunca fue resuelta.

Los condenados hablaron antes de escuchar sentencia pero no mostraron arrepentimiento:

“Para nosotros la tendencia del progreso es la del anarquismo, esto es la sociedad libre sin clases ni gobernantes, una sociedad de soberanos, en la que la libertad y la igualdad económica de todos producirían un equilibrio estable con bases y condición del orden natural. (...) Me concedéis, después de condenarme a muerte, la libertad de pronunciar mi último discurso. Me acusáis de despreciar la ley y el orden. ¿Y qué significan la ley y el orden? Yo repito que soy enemigo del orden actual y repito también que lo combatiré con todas mis fuerzas mientras tenga aliento para respirar... Os desprecio; desprecio vuestro orden, vuestras leyes, vuestra fuerza, vuestra autoridad. ¡AHORCADME!” (Luis Lingg).

Surgió un gran movimiento internacional en defensa de los condenados, celebrándose mítines por todo el mundo. Al aproximarse el día de la ejecución, las sentencias de Samuel Fielden y Michael Schwab cambiaron a cadena perpetua. Louis Lingg apareció muerto en su celda, se había volado la tapa de los sesos como acto final de protesta.

Al mediodía del 11 de noviembre de 1887 los carceleros fueron a buscar a los sentenciados para llevarlos a la horca; Spies, Engel, Parsons y Fischer emprendieron el camino entonando La Marsellesa Anarquista. Más de medio millón de personas asistieron al cortejo fúnebre. Años después, en 1893, Fielden, Schwab y Neebe fueron perdonados y puestos en libertad.1

Cada Primero de Mayo recordamos a los “Mártires de Chicago”, luchadores que protagonizaron, hasta las últimas consecuencias, la batalla por los derechos de los y las trabajadoras, por la Libertad, entendiendo, como no puede ser de otra forma, que esta Lucha Obrera es Internacional.

Por eso decimos: ¡¡¡De aquí o de fuera, la misma clase obrera!!! Porque los y las trabajadoras de todo el mundo somos protagonistas de una misma lucha, contra el mismo enemigo que se presenta con diferentes rostros.

La clase obrera se encuentra oprimida por los intereses del capital aquí y allí, sujeta a los designios de las políticas de quienes dicen representarla pero que sólo buscan beneficiar sus intereses, que son idénticos a los de los poderes económicos con quienes comparten beneficios, tal y como con total desvergüenza nos evidencian día a día.

El poder de los estados, que sustentan el capital, es ejercido por sus instrumentos institucionales, al amparo de su legalidad, contra la clase trabajadora, siendo éste el origen del sufrimiento del Pueblo, de todos los Pueblos. Sufrimiento que alcanza límites que difícilmente pueden describirse con palabras en el caso del Pueblo Palestino y cuya imagen nos enmudece cuando transmite la brutal realidad en la que sobrevive el Pueblo en la Franja de Gaza.

El Pueblo de Gaza, sometido a un bloqueo criminal por la entidad sionista, se desangra día a día, víctima del imperialismo capitalista sostenido por los denominados estados democráticos que sólo saben dar el pésame por las consecuencias de las políticas que despliegan y respaldan, pero que son incapaces de sancionar al verdugo (el régimen israelí, “la única democracia” de Oriente  Próximo), pues temen perjudicar sus intereses económicos, su único interés.

Todos los días, los campesinos y las campesinas de la Franja de Gaza son acosados por el ejército israelí, disparados con fuego real por el el hecho de querer trabajar la Tierra Palestina y resistir, no convirtiéndose en objetos de la caridad de la ayuda humanitaria que ofrecen los estados que compran y venden armas con las que la entidad sionista les ejecuta. Cada día los pescadores de Gaza salen a la mar, con el único objetivo de llevar sustento a sus familias, como intentamos hacer los trabajadores y las trabajadoras también aquí; sin embargo, muchos no regresan a sus casa, porque son literalmente “pescados” por las redes de la armada israelí, encarcelados y, en ocasiones,  asesinados cobardemente.

La lucha de la clase obrera no tiene fronteras, por eso el Primero de Mayo no nos olvidamos del Pueblo Palestino, de la clase obrera palestina que día a día intenta salir a trabajar, encontrar una forma con la que sustentar a sus familias y afrontar los envites del capitalismo neoliberal que muestra en la Franja de Gaza, y en toda la Tierra Palestina, su cara más real, su cara más brutal: la del asesino, que en Occidente se disfraza recubriéndose con políticas de reajuste estructural de la economía que condenan a la miseria a la parte más débil de la sociedad: la clase trabajadora.

Sólo la solidaridad y el apoyo mutuo entre las y los trabajadoras romperá el bloqueo sobre Gaza, aislará al asesino y avergonzará a quienes lo protegen. No podemos apoyar, sustentar, tolerar a los representantes políticos que asesinan allí y que son respaldados por los que nos reprimen, nos esclavizan y nos llevan a la miseria aquí.

Por eso hoy no podemos dejar de recordar la dignidad de la lucha del Pueblo Palestino.

¡Por los derechos de los y las trabajadoras, por la Libertad de la clase obrera, por la Libertad de los Pueblos!

¡Contra el estado, contra el capital, lucha obrera internacional! ¡Sólo el Pueblo salva al Pueblo!│Oficina Latinoamericana de Informacion de la Federacion General de Sindicatos de Palestina - Gaza (PGFTU GAZA)│Latin American Office of Information of the General Federation of Trade Unions of Palestine - Gaza Strip │الاتحاد العام لنقابات عمال فلسطين-غزة
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